fyeahhondakiku:

by も.こり

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

- Entonces, si fue asi… ¿por qué me dejaste? -Esta vez dejo en paz la boca del menor y acerco peligrosamente el filoso objeto al cuello contrario, haciendo presión con el  mas no hasta el punto de crearle siquiera un pequeño rasguño. Algo muy escondido dentro de sí no le permitia causarle algún daño, por mas diminuto que fuese, era como si al hacerlo, también fuera a lastimarse el mismo

¿P-por qué? Hace un par de minutos atrás no estaba asi, tenía muy claro que era lo que iba hacer, su misión, todo friamente calculado, hasta incluso la forma más tortuosa de suicidarse luego, pero nunca penso que tipo de reacciones tendría el japonés aparte del miedo, y mucho menos en lo que ello haría en él, aunque solo fueran palabras… -. ¿Por qué no volvimos?

La fluidez con la que hablaba incluso lo asustaba a él mismo. Su corazón latía a mil por hora, pero nunca supo si era por la adrenalina del momento o porque simplemente sus emociones le estaban jugando en contra. Su razón dictaba una cosa pero su sentimientos otra ¿quién ganaría en esa batalla? Fue en ese momento que pequeñas gotitas transparentes aparecieron en los ojos vidriosos del maniatico, dejo caer el cortacartón sin querer y en un impulso llevo sus manos temblorosas a su rostro, observando al muchacho atráves de los huecos que hacian sus dedos.

- Demonios… -Maldijo el rubio con prepotencia, como esperando a que su propio cuerpo reaccionara solo, pero era más que obvio que eso jamás pasaría. En esos momentos dudaba si matarlo o acercarsele y robarle uno de esos besos que solo él podía darle, sin embargo solo se quedo intacto, mirandole como si por dentro estuviera luchando con pequeñas voces, todas y cada una pidiendole algo diferente.

Esperó y esperó. Nada pasaba. Logró sentir el filo del arma blanca, pero nunca un corte definitivo. ¿Sería quizás de que el británico estuviera recapacitando? Quizo sonreír ante este hecho, pero… No. No pudo. Aún su tristeza le superaba por mucho. Por mucho… - No te dejé yo. Fuiste tú, ¿O quieres que te lo recuerde con mejor detalle? - Por que así había sido. Él había dado el tiro de gracia después de todas esas peleas que tuvieron días antes de ese oscuro 17 de agosto. - No te culpo. Pero tú fuiste quien prefirió al americano. - Respiró ondo. tenía la certeza de que ese podría ser su pase al infierno. 

Tragó saliva, parando de llorar otra vez. Encontrándose con que el ojiceleste ahora era quien lloraba.

- Nunca fuiste bueno atando nudos… - Ya calmado pudo tirar de alguno de los hilos que le liberaban de brazos. A pesar de esto, no fue a desamarrarse de piernas, si no que tomó al europeo por los hombros e hizo que se sentara, de a poco, sin alterarlo. Quedando ambos frente a frente. Tomó sus dos manos. Y las sacó de su rostro empapado en lágrimas. - No llore, ¿Sí?… - Y le dedicó una tierna sonrisa, sabiendo aún que podría ser atacado por el rubio.

- Sus ojos son lo único que no soporto ver lleno de agua. - Se acercó de nuevo, esta vez más, besando su frente con delicadeza. Tenía aroma a sangre. Definitivamente había cambiado bastante, pero eso no haría que su amor por él dejara de latir.

Secó sus lágrimas con su dedo pulgar, teniendo el cuidado de no lastimarle. - Ahora es libre de matarme si quiere… No podría soportar que usted llorando fuera mi última imagen. -Se sentó sobre sus rodillas, esperando nuevamente algún corte. Algo que ahora sí esperaba en verdad. Aunque ya no estaba el factor miedo que al parecer al rubio le daba algo de placer.

Al oír las primeras palabras del menor sus pupilas se dilataron. No…No fue que prefirió al estadounidense antes que a él, eso era una vil mentira, pero lo reconocía ya completamente, fue su culpa que terminaran como estaban ahora, fue el mismo inglés quien puso fin a su relación de forma fría y sin tacto, sin embargo no por eso llegaba a sentirse arrepentido y un tanto dolido. Siempre estuvo esperando porque el japonés volviera a acercársele debido a que el miedo que sentía a que lo rechazara era mucho más grande que su orgullo. Tan solo por eso fue que no se atrevía a dar el primer paso del perdón… Que gran tonto.

Ciertamente ahora las lágrimas no podían dejar de salir de sus ojos. Pequeñas gotitas de lluvia cálidas que caían repetidamente encima del cuerpo contrario.

-Tú… -Susurro con una voz quebrada, ya no propia de lo que era ahora. No tenía esa mirada llena de confusión o ira digna de un psicópata en acción, ahora era una llena de serenidad pero que a pesar de ello seguía siendo nostalgia, triste y lastimera. Odiaba con todo su corazón mostrarse débil frente a los demás, era algo que desde pequeño siempre le había fastidiado, sobre todo si quien lo veía así de nuevo sería el mismo. Su fragilidad no sería dedicada a nadie más que a él-. Kiku…

Ahora bien podía asesinarlo sin problemas, así lo quería desde un principio ¿no? Pero lo que hizo fue algo bastante diferente a ello. El corta cartón que tenía en mano lo dejo caer muy lejos de donde se encontraba el par y lo abrazo con fuerza, impidiendo que este hiciera algún movimiento para alejarlo. No quería perderlo otra vez, no iba a perderlo otra vez, ese fue el juramento que se hizo en la cabeza mientras el oriental se encargaba de calmarlo, de secar sus lágrimas, de susurrarle palabras llenas de afecto.

- Ya… Ya… - Comenzó por susurrarle, ahora con una sonrisa formada en sus labios al recibir en sus brazos al pequeño niño que el inglés seguía siendo, acariciándole su cabello y apegándolo a su pecho con delicadeza. Se sentía bien poder volver a estar así con él, poder sentirlo, poder tocarlo… Poder amarlo como se debía… Y tanto como pudiera. Si algo podía rescatar de no haberlo visto en tanto tiempo, era que la confianza, muy dentro, estaba guardada, quizás hasta escondida… Pero ahí estaba… Latente, al igual que el corazón del japonés…

- A pesar de todo este tiempo… - Intentó entablar un nuevo diálogo, mientras mantenía su mirada baja, y aquella mano con la que lo acarició su pelo aún seguía en aquel vaivén.

- … Creo que… - Sus mejillas comenzaron a enrojecer, cada vez más y más fuerte, su sangre corría más rápido por sus venas, su voz se cortaba cada vez más y más… Como si no quisiera hablar.  - Yo… Aún… - Sabía que era apresurado, sabía que probablemente no tenía esperanza alguna con él, comenzó a sollozar de lo nervioso que estaba… Pero aún así… Aún así… - Aún lo amo… -Confesó con su voz rota, sus ojos mojados, su cara roja y su cabello cubriendo sus ojos. Sus manos temblando, su corazón latiendo y un sentimiento imposible frenarlo.

Unos sollozos se hacían presentes al no encontrar respuesta pronto, tenía bien claro que el momento no era para llorar, o eso creía, su mentalidad era extraña y cualquiera podría pensar que eso estaba bien. Pero en el fondo se sentía muy mal, mal por habérselo guardado tanto tiempo

Eran dulces las caricias que el pelinegro le proporcionaba, suave la voz con la que lo tranquilizaba y calmo el rostro con la que chocaba su mirar… Exactamente igual a como lo recordaba, tan perfecto y tan él que le costaba imaginar que estaba ocurriendo lo que ahora.

Fue entonces cuando escucho con atención las palabras que el japonés le había dedicado y fue ahí cuando en esos momentos el tiempo 

se detuvo para los dos. Ahora ya no eran más el asesino y la víctima, el niño que lloraba y la madre que le daba consuelo, tampoco eran naciones sin sentimientos, Inglaterra y Japón no existían ya, ahora solo eran dos personas que se encontraban entrelazadas la una con la otra y con la necesidad de permanecer así por mucho tiempo más.

En su simplicidad, eran dos amantes enamorados que a pesar de todo, de las adversidades, el tiempo, los hechos y el dolor, seguían amándose con igual fervor como el primer día.

Un inglés algo sorprendido miraba de forma incrédula el rostro sonrojado y lloroso del contrario, era como si las palabras que escucho se repitieran una y otra vez en su subconciente, la felicidad que sentía en aquellos instantes era indescriptible, única y sin igual. Aquello tuvo un final que nunca hubiera esperado pero que gustosamente lo disfrutaba, no iba a desperdiciar una oportunidad así de nuevo…

- Kiku… - Susurro con el corazón latiendo impetuosamente. Su cuerpo comenzaba a reaccionar y no tardo demasiado tiempo en decidir hacer caso a sus impulsos y acercársele, llegando a rozar suavemente sus narices como niños pequeños -. I love you too. 
Entonces en un acto voluntario, sus labios se encontraron de forma tímida y cariñosa. Hace tanto que no probaba el exquisito sabor de estos que llego a sentir que tocaba el cielo, todo parecía nada más que una utopía.

Nuevamente podía decir que se sentía en el cielo, su perfección absoluta. Sabía que no había nada mejor que ese momento para él, nada, ni nadie… Sólo él. Mientras Kiku aún lloraba, casi descontroladamente, con miedo al rechazo, soltando lágrima a lágrima, aferrándose más fuerte a sus ropas, esperando en cualquier momento un golpe, quizás en su mandíbula, o a su estómago… Pero lo único que recibió fue… Fue una respuesta… La única que necesitaba y quería oír. Mordió su labio, tratando de no llorar más, pero fue lo único que pudo hacer… Podía declararse el hombre más feliz de la tierra… Aunque en esos momentos lo único que podía hacer era llorar… Llorar de alegría, felicidad… Hasta… Por sentirse lleno… Completo… Perfecto.

Sonrió ligeramente, casi imperceptible, cuando ambas narices se rozaron, acercándose poco a poco, su mano subiendo cuidadosa y delicada hacia el cuello del contrario, su contraparte, encontrándose finalmente con los labios del menor, quien nunca dejaría de serlo… Correspondiendo… Gustoso… Sin importar lo que fueran a decir… O pensar… Volvían a estar así de juntos… Así de cerca… Deseándose el uno al otro… Siendo uno de nuevo…

De a poco fue cortando el beso, hasta ya poder mirarlo, sonriente, feliz… Por mucho tiempo no necesitaría más que eso.
Sin saber qué decir, bajó la mirada nuevamente, sonrojado al máximo, como hacía un rato… Unas palabras podían decir mucho, pero en ese momento, las palabras sobraban… El silencio… Era perfecto… Simplemente hecho para ellos dos.

¿Desde hace cuanto que el inglés no se sentía tan lleno? ¿Qué no experimentaba tal felicidad? ¿Que no probaba aquellos dulces labios color salmón tan adictivos? La verdad es que ya no lo recordaba en lo absoluto, fue bastante largo el tiempo que estuvo alejado del japonés tan solo por orgullo… por dolor, pero ahora ¿ahora que importaba eso ya? Por fin, después de toda esa larga y horrible espera, una vez más se encontraba a su lado, y no solo eso, sino que también disfrutando de la exquisitez de su boca como antes, acariciando sus negros cabellos de forma tan delicada como si estuviese tocando a una princesa de cristal, chocando su respiración con la del otro de manera insistente, era hermoso, aquel momento era hermoso, el nipón en si, era hermoso.

- Tú… -Susurro cuando su tierno contacto labial termino al fin, quedando solo a escasos centímetros de su angelical rostro y chocando en reiteradas veces su nariz contra la suya, igual a dos niños pequeños enamorados que jugueteaban con inocencia -. Mi único y gran amor.

Al decir esto último un ligero sonrojo tomo por sorpresa sus mejillas. Jamás sería capaz de decirle tales palabras tan reales y magistrales a otra persona que no fuese él, después de todo lo que sentía era sincero, su corazón no mentía y sus acciones tampoco. Y si, tal vez haya cambiado un poco, quizás aquellos ojos color esmeralda ahora eran iguales al cielo, su cabellera ahora fuese más blanca y su comportamiento a veces asustara, pero eso no influía para nada en sus sentimientos, la sinceridad era algo que Arthur Kirkland conocía al derecho y al revés.

- No te gustaría… -Se mordió el labio por unos segundos, a pesar de todo estaba nervioso ¿y cómo no? si lo que iba a decirle era algo muy importante, sería el primer paso que este daría y ya no habría vuelta atrás si quisiese arrepententirse de ello, aunque lo dudaba -. ¿Qué volviésemos a estar juntos? - Susurro con valentía en uno de sus oídos de forma suave y marcada.

Sonrió con levedad todavía sin atreverse a mostrar su rostro al susodicho, solo se quedo quieto apoyado sobre su hombro izquierdo, con el corazón latiendo a mil por hora e impaciente por oír una respuesta por parte del mayor, fuese positiva o negativa. 

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

- Entonces, si fue asi… ¿por qué me dejaste? -Esta vez dejo en paz la boca del menor y acerco peligrosamente el filoso objeto al cuello contrario, haciendo presión con el  mas no hasta el punto de crearle siquiera un pequeño rasguño. Algo muy escondido dentro de sí no le permitia causarle algún daño, por mas diminuto que fuese, era como si al hacerlo, también fuera a lastimarse el mismo

¿P-por qué? Hace un par de minutos atrás no estaba asi, tenía muy claro que era lo que iba hacer, su misión, todo friamente calculado, hasta incluso la forma más tortuosa de suicidarse luego, pero nunca penso que tipo de reacciones tendría el japonés aparte del miedo, y mucho menos en lo que ello haría en él, aunque solo fueran palabras… -. ¿Por qué no volvimos?

La fluidez con la que hablaba incluso lo asustaba a él mismo. Su corazón latía a mil por hora, pero nunca supo si era por la adrenalina del momento o porque simplemente sus emociones le estaban jugando en contra. Su razón dictaba una cosa pero su sentimientos otra ¿quién ganaría en esa batalla? Fue en ese momento que pequeñas gotitas transparentes aparecieron en los ojos vidriosos del maniatico, dejo caer el cortacartón sin querer y en un impulso llevo sus manos temblorosas a su rostro, observando al muchacho atráves de los huecos que hacian sus dedos.

- Demonios… -Maldijo el rubio con prepotencia, como esperando a que su propio cuerpo reaccionara solo, pero era más que obvio que eso jamás pasaría. En esos momentos dudaba si matarlo o acercarsele y robarle uno de esos besos que solo él podía darle, sin embargo solo se quedo intacto, mirandole como si por dentro estuviera luchando con pequeñas voces, todas y cada una pidiendole algo diferente.

Esperó y esperó. Nada pasaba. Logró sentir el filo del arma blanca, pero nunca un corte definitivo. ¿Sería quizás de que el británico estuviera recapacitando? Quizo sonreír ante este hecho, pero… No. No pudo. Aún su tristeza le superaba por mucho. Por mucho… - No te dejé yo. Fuiste tú, ¿O quieres que te lo recuerde con mejor detalle? - Por que así había sido. Él había dado el tiro de gracia después de todas esas peleas que tuvieron días antes de ese oscuro 17 de agosto. - No te culpo. Pero tú fuiste quien prefirió al americano. - Respiró ondo. tenía la certeza de que ese podría ser su pase al infierno. 

Tragó saliva, parando de llorar otra vez. Encontrándose con que el ojiceleste ahora era quien lloraba.

- Nunca fuiste bueno atando nudos… - Ya calmado pudo tirar de alguno de los hilos que le liberaban de brazos. A pesar de esto, no fue a desamarrarse de piernas, si no que tomó al europeo por los hombros e hizo que se sentara, de a poco, sin alterarlo. Quedando ambos frente a frente. Tomó sus dos manos. Y las sacó de su rostro empapado en lágrimas. - No llore, ¿Sí?… - Y le dedicó una tierna sonrisa, sabiendo aún que podría ser atacado por el rubio.

- Sus ojos son lo único que no soporto ver lleno de agua. - Se acercó de nuevo, esta vez más, besando su frente con delicadeza. Tenía aroma a sangre. Definitivamente había cambiado bastante, pero eso no haría que su amor por él dejara de latir.

Secó sus lágrimas con su dedo pulgar, teniendo el cuidado de no lastimarle. - Ahora es libre de matarme si quiere… No podría soportar que usted llorando fuera mi última imagen. -Se sentó sobre sus rodillas, esperando nuevamente algún corte. Algo que ahora sí esperaba en verdad. Aunque ya no estaba el factor miedo que al parecer al rubio le daba algo de placer.

Al oír las primeras palabras del menor sus pupilas se dilataron. No…No fue que prefirió al estadounidense antes que a él, eso era una vil mentira, pero lo reconocía ya completamente, fue su culpa que terminaran como estaban ahora, fue el mismo inglés quien puso fin a su relación de forma fría y sin tacto, sin embargo no por eso llegaba a sentirse arrepentido y un tanto dolido. Siempre estuvo esperando porque el japonés volviera a acercársele debido a que el miedo que sentía a que lo rechazara era mucho más grande que su orgullo. Tan solo por eso fue que no se atrevía a dar el primer paso del perdón… Que gran tonto.

Ciertamente ahora las lágrimas no podían dejar de salir de sus ojos. Pequeñas gotitas de lluvia cálidas que caían repetidamente encima del cuerpo contrario.

-Tú… -Susurro con una voz quebrada, ya no propia de lo que era ahora. No tenía esa mirada llena de confusión o ira digna de un psicópata en acción, ahora era una llena de serenidad pero que a pesar de ello seguía siendo nostalgia, triste y lastimera. Odiaba con todo su corazón mostrarse débil frente a los demás, era algo que desde pequeño siempre le había fastidiado, sobre todo si quien lo veía así de nuevo sería el mismo. Su fragilidad no sería dedicada a nadie más que a él-. Kiku…

Ahora bien podía asesinarlo sin problemas, así lo quería desde un principio ¿no? Pero lo que hizo fue algo bastante diferente a ello. El corta cartón que tenía en mano lo dejo caer muy lejos de donde se encontraba el par y lo abrazo con fuerza, impidiendo que este hiciera algún movimiento para alejarlo. No quería perderlo otra vez, no iba a perderlo otra vez, ese fue el juramento que se hizo en la cabeza mientras el oriental se encargaba de calmarlo, de secar sus lágrimas, de susurrarle palabras llenas de afecto.

- Ya… Ya… - Comenzó por susurrarle, ahora con una sonrisa formada en sus labios al recibir en sus brazos al pequeño niño que el inglés seguía siendo, acariciándole su cabello y apegándolo a su pecho con delicadeza. Se sentía bien poder volver a estar así con él, poder sentirlo, poder tocarlo… Poder amarlo como se debía… Y tanto como pudiera. Si algo podía rescatar de no haberlo visto en tanto tiempo, era que la confianza, muy dentro, estaba guardada, quizás hasta escondida… Pero ahí estaba… Latente, al igual que el corazón del japonés…

- A pesar de todo este tiempo… - Intentó entablar un nuevo diálogo, mientras mantenía su mirada baja, y aquella mano con la que lo acarició su pelo aún seguía en aquel vaivén.

- … Creo que… - Sus mejillas comenzaron a enrojecer, cada vez más y más fuerte, su sangre corría más rápido por sus venas, su voz se cortaba cada vez más y más… Como si no quisiera hablar.  - Yo… Aún… - Sabía que era apresurado, sabía que probablemente no tenía esperanza alguna con él, comenzó a sollozar de lo nervioso que estaba… Pero aún así… Aún así… - Aún lo amo… -Confesó con su voz rota, sus ojos mojados, su cara roja y su cabello cubriendo sus ojos. Sus manos temblando, su corazón latiendo y un sentimiento imposible frenarlo.

Unos sollozos se hacían presentes al no encontrar respuesta pronto, tenía bien claro que el momento no era para llorar, o eso creía, su mentalidad era extraña y cualquiera podría pensar que eso estaba bien. Pero en el fondo se sentía muy mal, mal por habérselo guardado tanto tiempo

Eran dulces las caricias que el pelinegro le proporcionaba, suave la voz con la que lo tranquilizaba y calmo el rostro con la que chocaba su mirar… Exactamente igual a como lo recordaba, tan perfecto y tan él que le costaba imaginar que estaba ocurriendo lo que ahora.

Fue entonces cuando escucho con atención las palabras que el japonés le había dedicado y fue ahí cuando en esos momentos el tiempo 

se detuvo para los dos. Ahora ya no eran más el asesino y la víctima, el niño que lloraba y la madre que le daba consuelo, tampoco eran naciones sin sentimientos, Inglaterra y Japón no existían ya, ahora solo eran dos personas que se encontraban entrelazadas la una con la otra y con la necesidad de permanecer así por mucho tiempo más.

En su simplicidad, eran dos amantes enamorados que a pesar de todo, de las adversidades, el tiempo, los hechos y el dolor, seguían amándose con igual fervor como el primer día.

Un inglés algo sorprendido miraba de forma incrédula el rostro sonrojado y lloroso del contrario, era como si las palabras que escucho se repitieran una y otra vez en su subconciente, la felicidad que sentía en aquellos instantes era indescriptible, única y sin igual. Aquello tuvo un final que nunca hubiera esperado pero que gustosamente lo disfrutaba, no iba a desperdiciar una oportunidad así de nuevo…

- Kiku… - Susurro con el corazón latiendo impetuosamente. Su cuerpo comenzaba a reaccionar y no tardo demasiado tiempo en decidir hacer caso a sus impulsos y acercársele, llegando a rozar suavemente sus narices como niños pequeños -. I love you too. 
Entonces en un acto voluntario, sus labios se encontraron de forma tímida y cariñosa. Hace tanto que no probaba el exquisito sabor de estos que llego a sentir que tocaba el cielo, todo parecía nada más que una utopía.

kiironakiku:

thebritishgetleman:

- Entonces, si fue asi… ¿por qué me dejaste? -Esta vez dejo en paz la boca del menor y acerco peligrosamente el filoso objeto al cuello contrario, haciendo presión con el  mas no hasta el punto de crearle siquiera un pequeño rasguño. Algo muy escondido dentro de sí no le permitia causarle algún daño, por mas diminuto que fuese, era como si al hacerlo, también fuera a lastimarse el mismo

¿P-por qué? Hace un par de minutos atrás no estaba asi, tenía muy claro que era lo que iba hacer, su misión, todo friamente calculado, hasta incluso la forma más tortuosa de suicidarse luego, pero nunca penso que tipo de reacciones tendría el japonés aparte del miedo, y mucho menos en lo que ello haría en él, aunque solo fueran palabras… -. ¿Por qué no volvimos?

La fluidez con la que hablaba incluso lo asustaba a él mismo. Su corazón latía a mil por hora, pero nunca supo si era por la adrenalina del momento o porque simplemente sus emociones le estaban jugando en contra. Su razón dictaba una cosa pero su sentimientos otra ¿quién ganaría en esa batalla? Fue en ese momento que pequeñas gotitas transparentes aparecieron en los ojos vidriosos del maniatico, dejo caer el cortacartón sin querer y en un impulso llevo sus manos temblorosas a su rostro, observando al muchacho atráves de los huecos que hacian sus dedos.

- Demonios… -Maldijo el rubio con prepotencia, como esperando a que su propio cuerpo reaccionara solo, pero era más que obvio que eso jamás pasaría. En esos momentos dudaba si matarlo o acercarsele y robarle uno de esos besos que solo él podía darle, sin embargo solo se quedo intacto, mirandole como si por dentro estuviera luchando con pequeñas voces, todas y cada una pidiendole algo diferente.

Esperó y esperó. Nada pasaba. Logró sentir el filo del arma blanca, pero nunca un corte definitivo. ¿Sería quizás de que el británico estuviera recapacitando? Quizo sonreír ante este hecho, pero… No. No pudo. Aún su tristeza le superaba por mucho. Por mucho… - No te dejé yo. Fuiste tú, ¿O quieres que te lo recuerde con mejor detalle? - Por que así había sido. Él había dado el tiro de gracia después de todas esas peleas que tuvieron días antes de ese oscuro 17 de agosto. - No te culpo. Pero tú fuiste quien prefirió al americano. - Respiró ondo. tenía la certeza de que ese podría ser su pase al infierno. 

Tragó saliva, parando de llorar otra vez. Encontrándose con que el ojiceleste ahora era quien lloraba.

- Nunca fuiste bueno atando nudos… - Ya calmado pudo tirar de alguno de los hilos que le liberaban de brazos. A pesar de esto, no fue a desamarrarse de piernas, si no que tomó al europeo por los hombros e hizo que se sentara, de a poco, sin alterarlo. Quedando ambos frente a frente. Tomó sus dos manos. Y las sacó de su rostro empapado en lágrimas. - No llore, ¿Sí?… - Y le dedicó una tierna sonrisa, sabiendo aún que podría ser atacado por el rubio.

- Sus ojos son lo único que no soporto ver lleno de agua. - Se acercó de nuevo, esta vez más, besando su frente con delicadeza. Tenía aroma a sangre. Definitivamente había cambiado bastante, pero eso no haría que su amor por él dejara de latir.

Secó sus lágrimas con su dedo pulgar, teniendo el cuidado de no lastimarle. - Ahora es libre de matarme si quiere… No podría soportar que usted llorando fuera mi última imagen. -Se sentó sobre sus rodillas, esperando nuevamente algún corte. Algo que ahora sí esperaba en verdad. Aunque ya no estaba el factor miedo que al parecer al rubio le daba algo de placer.

Al oír las primeras palabras del menor sus pupilas se dilataron. No…No fue que prefirió al estadounidense antes que a él, eso era una vil mentira, pero lo reconocía ya completamente, fue su culpa que terminaran como estaban ahora, fue el mismo inglés quien puso fin a su relación de forma fría y sin tacto, sin embargo no por eso llegaba a sentirse arrepentido y un tanto dolido. Siempre estuvo esperando porque el japonés volviera a acercársele debido a que el miedo que sentía a que lo rechazara era mucho más grande que su orgullo. Tan solo por eso fue que no se atrevía a dar el primer paso del perdón… Que gran tonto.

Ciertamente ahora las lágrimas no podían dejar de salir de sus ojos. Pequeñas gotitas de lluvia cálidas que caían repetidamente encima del cuerpo contrario.

-Tú… -Susurro con una voz quebrada, ya no propia de lo que era ahora. No tenía esa mirada llena de confusión o ira digna de un psicópata en acción, ahora era una llena de serenidad pero que a pesar de ello seguía siendo nostalgia, triste y lastimera. Odiaba con todo su corazón mostrarse débil frente a los demás, era algo que desde pequeño siempre le había fastidiado, sobre todo si quien lo veía así de nuevo sería el mismo. Su fragilidad no sería dedicada a nadie más que a él-. Kiku…

Ahora bien podía asesinarlo sin problemas, así lo quería desde un principio ¿no? Pero lo que hizo fue algo bastante diferente a ello. El corta cartón que tenía en mano lo dejo caer muy lejos de donde se encontraba el par y lo abrazo con fuerza, impidiendo que este hiciera algún movimiento para alejarlo. No quería perderlo otra vez, no iba a perderlo otra vez, ese fue el juramento que se hizo en la cabeza mientras el oriental se encargaba de calmarlo, de secar sus lágrimas, de susurrarle palabras llenas de afecto.

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos? 

En verdad esas palabras le hacían sentirse algo incómodo, algo que se dejó ver en su rostro, haciendo una mueca de esta misma sensación que tenía, pasó saliva, sabía perfectamente lo mal que cocinaba el inglés… Ojalá eso hubiera cambiado también… - Está bien… - Suspiró resignado, tomando uno de ellos en sus manos, mirándolo unos segundos, con la mirada algo pretrificante del británico sobre él… Lo mordió, quedando sorprendido por el buen sabor que este tenía… - おいしい… - Tenía un dejo algo extraño, pero bueno, era lo de menos… En verdad había podido mejorar considerablemente. - Está… Está bueno… - Y le dio otra mordida… Entrecerró los ojos, sin poder verlo bien. - I… Inglaterra san… N-no… N-no le… - Perdía su conciencia poco a poco, cayendo hacia adelante, sobre el hombro del rubio, dejando que el muffin cayera al suelo.

Cuando el menor acepto por fin el comer de sus muffins, el inglés no pudo hacer otra cosa más que verle de manera mordaz y sin perderlo de vista un solo segundo, para él cada gesto, movimiento y expresión que hacia el nipón era de suma importancia. Era como si fuera un conejillo de indias y el británico el científico que experimentaba con él. Rió una vez más ante ese pensamiento. -Sabía que te encantarían… -Comento al ver como el pelinegro ya empezaba a perder la conciencia poco a poco, con un dejo de emoción. Y luego, cuando esté le cayó encima, sin que nadie se diera cuenta, tratando de ser lo más discreto posible lo cargo y lo llevo a su casa lo más rápido que pudo. Lo que iba a pasar a continuación sí que sería interesante -. El gran imperio japonés ahora esta a mi merced~ -Tarareaba con alegría mientras se encargaba de amarrarlo a su cama de la forma más natural del mundo. 

No pudo poner ningún tipo de resistencia al ser cargado por el otro hasta su casa. Sin tener idea de qué pasaba se encontró a si mismo en una habitación casi oscura. Nuevamente con su vista borrosa trató de refregarse los ojos, no pudiendo. - ¿¡Qué!? - gritó asustado, recuperándose completamente. Ahora la adrenalina corría por sus venas, su chaqueta no se encontraba en su cuerpo… Alguien se la había quitado. Intentó mover los pies… Al igual que sus manos, estaban atados juntos, sus manos detrás de su espalda y a su vez este amarre a los palos de la cama. - Tsk… - Frunció el ceño. Este mismo alguien quería hacerle algo… Algo no muy lindo.
Su respiración comenzó a acelerarse al ver que la puerta se comenzaba a abrir… Casi muerto de miedo, sus ojos se cristalizaron, sin poder hablar…

-Oh ¿ya estas despierto, my dear? –Musito el rubio a pesar de que la respuesta era más que obvia y de hecho estaba frente a sus ojos. No podía quejarse, para nada, después de todo el efecto de los cupcakes había durado lo suficiente como para poder lograr su cometido, ahora el japonés estaba debajo de él y casi a punto de llorar ¿había acaso una escena más hermosa que esa? Por supuesto que no -.

-Pero que mal anfitrión soy ¿estás incomodo? ¿No quieres que seque tus lágrimas con mi lengua? –Le ofreció mientras terminaba de deslizar la blanca chaqueta por el frágil cuerpo del asiático, para después alzar un poco la vista y examinar detalle a detalle el rostro y figura del menor quien estaba realmente asustado. Metió una mano a los bolsillos de su pantalón, como si estuviese buscando algo, hasta 

que lo encontró. No era nada más ni nada menos que un pequeño corta cartón. 

Se encogió al verlo al frente suyo, por completo asustado. Tenía una suerte inmensa de no estar amordasado o bien vendado… De cualquier manera, el hecho de que fuera él… le asustaba, y mucho… Increiblemente se veía mucho más sádico que de costumbre… Y nunca le había visto así, excepto claro, la guerra ruso-japonesa. Pero esa era pasión, por defenderlo claro…

Ahora pareciera como si lo quisiera matar… Desvió la mirada al ofrecerse a secar sus lágrimas… Pero no evitó mirar al ojiesmer… ¿Azul? Algo estaba mal. Estaba muy mal.

Además de… D-d-de… Tener un cortacartón en su mano… ¿¡Lo iba a matar!? - Q-q… Q-qué… - No podía articular palabra alguna, desesperado, comenzó a moverse, sabía que era inútil… Pero… Pero era lo único que le quedaba…

Al ver al oriental temblar y retorcerse debajo de sí le agradaba bastante. Observar como el sudor se hacia presente en la frente del contrario, como su mirada expresaba temor e incredulidad. En verdad que no encontraba mayor placer que ese, aunque tal vez si, lo haría en un par de segundos más al enterrar la fina y filosa punta del corta-cartón que ahora tenía en una de sus manos en el cuerpo del menor.

- What’s happening, love? No te entiendo… -Musito el rubio mientras sonreía de oreja a oreja sadicamente, estaba impaciente, no podía esperar a manchar el blanco lienzo sin pintar, que en este caso, era el cuerpo del nipón, manchado de sangre -. Te ves chistoso… pero creo que te falta una sonrisa… -Y acerco el objeto corto punzante a su rostro -. ¿Deberia hacerte sonreír por las buenas o por las malas?

Ya esto se estaba poniendo serio, demasiado serio… Podría haberlo soportado hasta de Italia, de Prusia o Alemania. Pero… Pero él… Él no. Habían sido demasiado unidos como para que eso pasara. Sus ojos demostraban el pánico que tenía en aquellos momentos, haciéndose sus pupilas cada vez más y más pequeñas, tragó saliva y sus lágrimas no querían parar de salir.

El filo del instrumento que tenía en manos estaba rozándole el rostro, ya sintiendo el ardor cerca de su boca… Antes de que el inglés lograra rasgarle más, el japonés articuló dificultosamente su nombre… - Arthur… - Mirándole a los ojos, empapados aún. - S… Si lo vas a hacer… - Susurró, no queriendo morir aún, o bien quedar malherido… - D-dime…Dime por qué… - No sabía ni cómo o por qué le estaba tuteando. La locura se le había pegado, o bien, era el momento.

Justo cuando estaba a punto de desgarrar la boca del nipón, por alguna razón, al escuchar las palabras del contrario, paro en seco y se le quedo observando por varios segundos, tal y como su fuese un niño en una dulcería nueva, maravillado por cada cosa que encontraba, en este caso, encantado por cada expresión que ponía el japonés ahora estando a su indulgencia. Si, le hubiera gustado verlo asi, 

rogando por piedad, porque se detuviera o lo dejara vivir pero lo unico que hizo fue preguntar el porqué lo hacia. 

Este chasqueo la lengua fastidiado yo miro a través de sus ordes azules casi dilatados, no sabia que responderle y su mano temblaba de puro orgullo.

-Porque… -Y gruño molesto, apretando la mandíbula de forma enfermiza -. Por lo que paso… Por tu culpa, porque sufrí…Porque prefiero que estemos muertos que no juntos.

Exacto, luego de deshacerse del asiático esté pensaba acabar también con su propia vida ¿para qué vivir si ya no tendría por qué hacerlo? 

… ¿Eso era?… Sus lágrimas pararon de repente. Sorprendido al saber sus razones. Esperaba escuchar algo así como un “Te odio; Lo hago por placer; Quiero acabar con tu vida por que eres a quien más detesto…” Pero no… Aún había algo.

Era tonto y muy de manga shoujo pensar eso. Pero no había otra razón para que dijera eso… - No fuiste el único que sufrió, ¿Sabes?… - Algo más calmado, respondió, sollozando. - Podrías haber sido algo más sutil con esto… Por que… - El sonrojo subió a su rostro ligeramente, intentando como continuar, sin despegar ni un segundo la mirad de sus ahora azules ojos.

- Tú y yo sabemos que se nos salía de las manos… No pudimos y nunca podremos controlarlo. El destino es algo que fastidia a veces, lo sé… Pero… Este mismo fue quien nos encontró… Y es de lo que menos me arrepiento ahora… Mi mejor recuerdo… Fuiste mi mejor amigo… Mi mayor aliado… Fuiste… - Bajó la mirada, ahora avergonzado. Las lágrimas que ahora recorrían su rostro eran de tristeza pura…

- Fuiste a quien más amé… Fuiste quien… Quien me enseñó a amar… Quien me dijo que era especial… Que no había nadie como Yo… - Trató nuevamente de ir y mover su mano para secar sus lágrimas, no lográndolo. - Si quieres matarme, adelante, hazlo… Pero que te quede en la conciencia que nunca pude olvidarte, Arthur… Te sigo amando… - Y esto último lo dijo en un tono bastante agudo.
Estiró el cuello, esperando el corte que posiblemente lo mataría, con los ojos cerrados… 

- Entonces, si fue asi… ¿por qué me dejaste? -Esta vez dejo en paz la boca del menor y acerco peligrosamente el filoso objeto al cuello contrario, haciendo presión con el  más no hasta el punto de crearle siquiera un pequeño rasguño. Algo muy escondido dentro de sí no le permitia causarle algún daño, por mas diminuto que fuese, era como si al hacerlo, también fuera a lastimarse el mismo 

¿P-por qué? Hace un par de minutos atrás no estaba asi, tenía muy claro que era lo que iba hacer, su misión, todo friamente calculado, hasta incluso la forma más tortuosa de suicidarse luego, pero nunca penso que tipo de reacciones tendría el japonés aparte del miedo, y mucho menos en lo que ello haría en él, aunque solo fueran palabras… -. ¿Por qué no volvimos?

La fluidez con la que hablaba incluso lo asustaba a él mismo. Su corazón latía a mil por hora, pero nunca supo si era por la adrenalina del momento o porque simplemente sus emociones le estaban jugando en contra. Su razón dictaba una cosa pero su sentimientos otra ¿quién ganaría en esa batalla? Fue en ese momento que pequeñas gotitas transparentes aparecieron en los ojos vidriosos del maniatico, 

dejo caer el cortacartón sin querer y en un impulso llevo sus manos temblorosas a su rostro, observando al muchacho atráves de los huecos que hacian sus dedos.

- Demonios… -Maldijo el rubio con prepotencia, como esperando a que su propio cuerpo reaccionara solo, pero era más que obvio que eso jamás pasaría. En esos momentos dudaba si matarlo o acercarsele y robarle uno de esos besos que solo él podía darle, sin embargo solo se quedo intacto, mirandole como si por dentro estuviera luchando con pequeñas voces, todas y cada una pidiendole algo diferente.

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos? 

En verdad esas palabras le hacían sentirse algo incómodo, algo que se dejó ver en su rostro, haciendo una mueca de esta misma sensación que tenía, pasó saliva, sabía perfectamente lo mal que cocinaba el inglés… Ojalá eso hubiera cambiado también… - Está bien… - Suspiró resignado, tomando uno de ellos en sus manos, mirándolo unos segundos, con la mirada algo pretrificante del británico sobre él… Lo mordió, quedando sorprendido por el buen sabor que este tenía… - おいしい… - Tenía un dejo algo extraño, pero bueno, era lo de menos… En verdad había podido mejorar considerablemente. - Está… Está bueno… - Y le dio otra mordida… Entrecerró los ojos, sin poder verlo bien. - I… Inglaterra san… N-no… N-no le… - Perdía su conciencia poco a poco, cayendo hacia adelante, sobre el hombro del rubio, dejando que el muffin cayera al suelo.

Cuando el menor acepto por fin el comer de sus muffins, el inglés no pudo hacer otra cosa más que verle de manera mordaz y sin perderlo de vista un solo segundo, para él cada gesto, movimiento y expresión que hacia el nipón era de suma importancia. Era como si fuera un conejillo de indias y el británico el científico que experimentaba con él. Rió una vez más ante ese pensamiento. -Sabía que te encantarían… -Comento al ver como el pelinegro ya empezaba a perder la conciencia poco a poco, con un dejo de emoción. Y luego, cuando esté le cayó encima, sin que nadie se diera cuenta, tratando de ser lo más discreto posible lo cargo y lo llevo a su casa lo más rápido que pudo. Lo que iba a pasar a continuación sí que sería interesante -. El gran imperio japonés ahora esta a mi merced~ -Tarareaba con alegría mientras se encargaba de amarrarlo a su cama de la forma más natural del mundo. 

No pudo poner ningún tipo de resistencia al ser cargado por el otro hasta su casa. Sin tener idea de qué pasaba se encontró a si mismo en una habitación casi oscura. Nuevamente con su vista borrosa trató de refregarse los ojos, no pudiendo. - ¿¡Qué!? - gritó asustado, recuperándose completamente. Ahora la adrenalina corría por sus venas, su chaqueta no se encontraba en su cuerpo… Alguien se la había quitado. Intentó mover los pies… Al igual que sus manos, estaban atados juntos, sus manos detrás de su espalda y a su vez este amarre a los palos de la cama. - Tsk… - Frunció el ceño. Este mismo alguien quería hacerle algo… Algo no muy lindo.
Su respiración comenzó a acelerarse al ver que la puerta se comenzaba a abrir… Casi muerto de miedo, sus ojos se cristalizaron, sin poder hablar…

-Oh ¿ya estas despierto, my dear? –Musito el rubio a pesar de que la respuesta era más que obvia y de hecho estaba frente a sus ojos. No podía quejarse, para nada, después de todo el efecto de los cupcakes había durado lo suficiente como para poder lograr su cometido, ahora el japonés estaba debajo de él y casi a punto de llorar ¿había acaso una escena más hermosa que esa? Por supuesto que no -.

-Pero que mal anfitrión soy ¿estás incomodo? ¿No quieres que seque tus lágrimas con mi lengua? –Le ofreció mientras terminaba de deslizar la blanca chaqueta por el frágil cuerpo del asiático, para después alzar un poco la vista y examinar detalle a detalle el rostro y figura del menor quien estaba realmente asustado. Metió una mano a los bolsillos de su pantalón, como si estuviese buscando algo, hasta 

que lo encontró. No era nada más ni nada menos que un pequeño corta cartón. 

Se encogió al verlo al frente suyo, por completo asustado. Tenía una suerte inmensa de no estar amordasado o bien vendado… De cualquier manera, el hecho de que fuera él… le asustaba, y mucho… Increiblemente se veía mucho más sádico que de costumbre… Y nunca le había visto así, excepto claro, la guerra ruso-japonesa. Pero esa era pasión, por defenderlo claro…

Ahora pareciera como si lo quisiera matar… Desvió la mirada al ofrecerse a secar sus lágrimas… Pero no evitó mirar al ojiesmer… ¿Azul? Algo estaba mal. Estaba muy mal.

Además de… D-d-de… Tener un cortacartón en su mano… ¿¡Lo iba a matar!? - Q-q… Q-qué… - No podía articular palabra alguna, desesperado, comenzó a moverse, sabía que era inútil… Pero… Pero era lo único que le quedaba…

Al ver al oriental temblar y retorcerse debajo de sí le agradaba bastante. Observar como el sudor se hacia presente en la frente del contrario, como su mirada expresaba temor e incredulidad. En verdad que no encontraba mayor placer que ese, aunque tal vez si, lo haría en un par de segundos más al enterrar la fina y filosa punta del corta-cartón que ahora tenía en una de sus manos en el cuerpo del menor.

- What’s happening, love? No te entiendo… -Musito el rubio mientras sonreía de oreja a oreja sadicamente, estaba impaciente, no podía esperar a manchar el blanco lienzo sin pintar, que en este caso, era el cuerpo del nipón, manchado de sangre -. Te ves chistoso… pero creo que te falta una sonrisa… -Y acerco el objeto corto punzante a su rostro -. ¿Deberia hacerte sonreír por las buenas o por las malas?

Ya esto se estaba poniendo serio, demasiado serio… Podría haberlo soportado hasta de Italia, de Prusia o Alemania. Pero… Pero él… Él no. Habían sido demasiado unidos como para que eso pasara. Sus ojos demostraban el pánico que tenía en aquellos momentos, haciéndose sus pupilas cada vez más y más pequeñas, tragó saliva y sus lágrimas no querían parar de salir.

El filo del instrumento que tenía en manos estaba rozándole el rostro, ya sintiendo el ardor cerca de su boca… Antes de que el inglés lograra rasgarle más, el japonés articuló dificultosamente su nombre… - Arthur… - Mirándole a los ojos, empapados aún. - S… Si lo vas a hacer… - Susurró, no queriendo morir aún, o bien quedar malherido… - D-dime…Dime por qué… - No sabía ni cómo o por qué le estaba tuteando. La locura se le había pegado, o bien, era el momento.

Justo cuando estaba a punto de desgarrar la boca del nipón, por alguna razón, al escuchar las palabras del contrario, paro en seco y se le quedo observando por varios segundos, tal y como su fuese un niño en una dulcería nueva, maravillado por cada cosa que encontraba, en este caso, encantado por cada expresión que ponía el japonés ahora estando a su indulgencia. Si, le hubiera gustado verlo asi, 

rogando por piedad, porque se detuviera o lo dejara vivir pero lo unico que hizo fue preguntar el porqué lo hacia. 

Este chasqueo la lengua fastidiado yo miro atráves de sus ordes azules casi dilatados, no sabia que responderle y su mano temblaba de puro orgullo.

-Porque… -Y gruño molesto, apretando la mandívula de forma enfermiza -. Por lo que paso… Por tu culpa, porque sufrí…Porque prefiero que estemos muertos que no juntos.

Exacto, luego de deshacerse del asiático esté pensaba acabar también con su propia vida ¿para qué vivir si ya no tendría por qué hacerlo? 

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos? 

En verdad esas palabras le hacían sentirse algo incómodo, algo que se dejó ver en su rostro, haciendo una mueca de esta misma sensación que tenía, pasó saliva, sabía perfectamente lo mal que cocinaba el inglés… Ojalá eso hubiera cambiado también… - Está bien… - Suspiró resignado, tomando uno de ellos en sus manos, mirándolo unos segundos, con la mirada algo pretrificante del británico sobre él… Lo mordió, quedando sorprendido por el buen sabor que este tenía… - おいしい… - Tenía un dejo algo extraño, pero bueno, era lo de menos… En verdad había podido mejorar considerablemente. - Está… Está bueno… - Y le dio otra mordida… Entrecerró los ojos, sin poder verlo bien. - I… Inglaterra san… N-no… N-no le… - Perdía su conciencia poco a poco, cayendo hacia adelante, sobre el hombro del rubio, dejando que el muffin cayera al suelo.

Cuando el menor acepto por fin el comer de sus muffins, el inglés no pudo hacer otra cosa más que verle de manera mordaz y sin perderlo de vista un solo segundo, para él cada gesto, movimiento y expresión que hacia el nipón era de suma importancia. Era como si fuera un conejillo de indias y el británico el científico que experimentaba con él. Rió una vez más ante ese pensamiento. -Sabía que te encantarían… -Comento al ver como el pelinegro ya empezaba a perder la conciencia poco a poco, con un dejo de emoción. Y luego, cuando esté le cayó encima, sin que nadie se diera cuenta, tratando de ser lo más discreto posible lo cargo y lo llevo a su casa lo más rápido que pudo. Lo que iba a pasar a continuación sí que sería interesante -. El gran imperio japonés ahora esta a mi merced~ -Tarareaba con alegría mientras se encargaba de amarrarlo a su cama de la forma más natural del mundo. 

No pudo poner ningún tipo de resistencia al ser cargado por el otro hasta su casa. Sin tener idea de qué pasaba se encontró a si mismo en una habitación casi oscura. Nuevamente con su vista borrosa trató de refregarse los ojos, no pudiendo. - ¿¡Qué!? - gritó asustado, recuperándose completamente. Ahora la adrenalina corría por sus venas, su chaqueta no se encontraba en su cuerpo… Alguien se la había quitado. Intentó mover los pies… Al igual que sus manos, estaban atados juntos, sus manos detrás de su espalda y a su vez este amarre a los palos de la cama. - Tsk… - Frunció el ceño. Este mismo alguien quería hacerle algo… Algo no muy lindo.
Su respiración comenzó a acelerarse al ver que la puerta se comenzaba a abrir… Casi muerto de miedo, sus ojos se cristalizaron, sin poder hablar…

-Oh ¿ya estas despierto, my dear? –Musito el rubio a pesar de que la respuesta era más que obvia y de hecho estaba frente a sus ojos. No podía quejarse, para nada, después de todo el efecto de los cupcakes había durado lo suficiente como para poder lograr su cometido, ahora el japonés estaba debajo de él y casi a punto de llorar ¿había acaso una escena más hermosa que esa? Por supuesto que no -.

-Pero que mal anfitrión soy ¿estás incomodo? ¿No quieres que seque tus lágrimas con mi lengua? –Le ofreció mientras terminaba de deslizar la blanca chaqueta por el frágil cuerpo del asiático, para después alzar un poco la vista y examinar detalle a detalle el rostro y figura del menor quien estaba realmente asustado. Metió una mano a los bolsillos de su pantalón, como si estuviese buscando algo, hasta 

que lo encontró. No era nada más ni nada menos que un pequeño corta cartón. 

Se encogió al verlo al frente suyo, por completo asustado. Tenía una suerte inmensa de no estar amordasado o bien vendado… De cualquier manera, el hecho de que fuera él… le asustaba, y mucho… Increiblemente se veía mucho más sádico que de costumbre… Y nunca le había visto así, excepto claro, la guerra ruso-japonesa. Pero esa era pasión, por defenderlo claro…

Ahora pareciera como si lo quisiera matar… Desvió la mirada al ofrecerse a secar sus lágrimas… Pero no evitó mirar al ojiesmer… ¿Azul? Algo estaba mal. Estaba muy mal.

Además de… D-d-de… Tener un cortacartón en su mano… ¿¡Lo iba a matar!? - Q-q… Q-qué… - No podía articular palabra alguna, desesperado, comenzó a moverse, sabía que era inútil… Pero… Pero era lo único que le quedaba…

Al ver al oriental temblar y retorcerse debajo de sí le agradaba bastante. Observar como el sudor se hacia presente en la frente del contrario, como su mirada expresaba temor e incredulidad. En verdad que no encontraba mayor placer que ese, aunque tal vez si, lo haría en un par de segundos más al enterrar la fina y filosa punta del corta-cartón que ahora tenía en una de sus manos en el cuerpo del menor.

- What’s happening, love? No te entiendo… -Musito el rubio mientras sonreía de oreja a oreja sadicamente, estaba impaciente, no podía esperar a manchar el blanco lienzo sin pintar, que en este caso, era el cuerpo del nipón, manchado de sangre -. Te ves chistoso… pero creo que te falta una sonrisa… -Y acerco el objeto corto punzante a su rostro -. ¿Deberia hacerte sonreír por las buenas o por las malas?

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos? 

En verdad esas palabras le hacían sentirse algo incómodo, algo que se dejó ver en su rostro, haciendo una mueca de esta misma sensación que tenía, pasó saliva, sabía perfectamente lo mal que cocinaba el inglés… Ojalá eso hubiera cambiado también… - Está bien… - Suspiró resignado, tomando uno de ellos en sus manos, mirándolo unos segundos, con la mirada algo pretrificante del británico sobre él… Lo mordió, quedando sorprendido por el buen sabor que este tenía… - おいしい… - Tenía un dejo algo extraño, pero bueno, era lo de menos… En verdad había podido mejorar considerablemente. - Está… Está bueno… - Y le dio otra mordida… Entrecerró los ojos, sin poder verlo bien. - I… Inglaterra san… N-no… N-no le… - Perdía su conciencia poco a poco, cayendo hacia adelante, sobre el hombro del rubio, dejando que el muffin cayera al suelo.

Cuando el menor acepto por fin el comer de sus muffins, el inglés no pudo hacer otra cosa más que verle de manera mordaz y sin perderlo de vista un solo segundo, para él cada gesto, movimiento y expresión que hacia el nipón era de suma importancia. Era como si fuera un conejillo de indias y el británico el científico que experimentaba con él. Rió una vez más ante ese pensamiento. -Sabía que te encantarían… -Comento al ver como el pelinegro ya empezaba a perder la conciencia poco a poco, con un dejo de emoción. Y luego, cuando esté le cayó encima, sin que nadie se diera cuenta, tratando de ser lo más discreto posible lo cargo y lo llevo a su casa lo más rápido que pudo. Lo que iba a pasar a continuación sí que sería interesante -. El gran imperio japonés ahora esta a mi merced~ -Tarareaba con alegría mientras se encargaba de amarrarlo a su cama de la forma más natural del mundo. 

No pudo poner ningún tipo de resistencia al ser cargado por el otro hasta su casa. Sin tener idea de qué pasaba se encontró a si mismo en una habitación casi oscura. Nuevamente con su vista borrosa trató de refregarse los ojos, no pudiendo. - ¿¡Qué!? - gritó asustado, recuperándose completamente. Ahora la adrenalina corría por sus venas, su chaqueta no se encontraba en su cuerpo… Alguien se la había quitado. Intentó mover los pies… Al igual que sus manos, estaban atados juntos, sus manos detrás de su espalda y a su vez este amarre a los palos de la cama. - Tsk… - Frunció el ceño. Este mismo alguien quería hacerle algo… Algo no muy lindo.
Su respiración comenzó a acelerarse al ver que la puerta se comenzaba a abrir… Casi muerto de miedo, sus ojos se cristalizaron, sin poder hablar…

-Oh ¿ya estas despierto, my dear? –Musito el rubio a pesar de que la respuesta era más que obvia y de hecho estaba frente a sus ojos. No podía quejarse, para nada, después de todo el efecto de los cupcakes había durado lo suficiente como para poder lograr su cometido, ahora el japonés estaba debajo de él y casi a punto de llorar ¿había acaso una escena más hermosa que esa? Por supuesto que no -.

-Pero que mal anfitrión soy ¿estás incomodo? ¿No quieres que seque tus lágrimas con mi lengua? –Le ofreció mientras terminaba de deslizar la blanca chaqueta por el frágil cuerpo del asiático, para después alzar un poco la vista y examinar detalle a detalle el rostro y figura del menor quien estaba realmente asustado. Metió una mano a los bolsillos de su pantalón, como si estuviese buscando algo, hasta 

que lo encontró. No era nada más ni nada menos que un pequeño corta cartón. 

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos? 

En verdad esas palabras le hacían sentirse algo incómodo, algo que se dejó ver en su rostro, haciendo una mueca de esta misma sensación que tenía, pasó saliva, sabía perfectamente lo mal que cocinaba el inglés… Ojalá eso hubiera cambiado también… - Está bien… - Suspiró resignado, tomando uno de ellos en sus manos, mirándolo unos segundos, con la mirada algo pretrificante del británico sobre él… Lo mordió, quedando sorprendido por el buen sabor que este tenía… - おいしい… - Tenía un dejo algo extraño, pero bueno, era lo de menos… En verdad había podido mejorar considerablemente. - Está… Está bueno… - Y le dio otra mordida… Entrecerró los ojos, sin poder verlo bien. - I… Inglaterra san… N-no… N-no le… - Perdía su conciencia poco a poco, cayendo hacia adelante, sobre el hombro del rubio, dejando que el muffin cayera al suelo.

Cuando el menor acepto por fin el comer de sus muffins, el inglés no pudo hacer otra cosa más que verle de manera mordaz y sin perderlo de vista un solo segundo, para él cada gesto, movimiento y expresión que hacia el nipón era de suma importancia. Era como si fuera un conejillo de indias y el británico el científico que experimentaba con él. Rió una vez más ante ese pensamiento. -Sabía que te encantarían… -Comento al ver como el pelinegro ya empezaba a perder la conciencia poco a poco, con un dejo de emoción. Y luego, cuando esté le cayó encima, sin que nadie se diera cuenta, tratando de ser lo más discreto posible lo cargo y lo llevo a su casa lo más rápido que pudo. Lo que iba a pasar a continuación sí que sería interesante -. El gran imperio japonés ahora esta a mi merced~ -Tarareaba con alegría mientras se encargaba de amarrarlo a su cama de la forma más natural del mundo. 

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

thebritishgetleman:

kiironakiku:

- Quizás era hasta tonto sospechar de él. Después de no verlo en varios años, quería volver a tomar su contacto, después de todo, tan mala relación no habían tenido, algo de amigos, tal vez. Primera junta mundial de la Onu. El estaba ahí. O eso podía divisar… Intentó verlo mejor, llegando a la conclusión de que efectivamente era él, así que… - ¿Inglaterra san? - Le habló, esperando que su teoría fuera correcta.

- El mayor se encontraba tecnicamente fuera de lugar. Para él su entorno y las demás personas no existian, se veía solo por alguna razón aparente y los pequeños cupcakes que tenía en mano eran su unica compañia, claro, hasta que se los llevara a la boca y se los comiera. Muchos lo miraban raro, pero como no los notaba siquiera era algo de menor importancia. Sin embargo, una voz lo saco de su trance, era familiar, casi saltaba de la emoción por la sorpresa, pero solo atino a sonreír de una forma bastante particular -. Japón… -Dijo su nombre en un tono que llegaba a asustar un poco -. Tanto tiempo…  

- Había algo que fallaba. Algo no le calzaba al japonés. Bueno. Por ahí decían que la gente cambia un poco, el inglés desde siempre había sido algo extraño, quizás sus gustos por el ocultismo habían aumentado. No quiso tener contacto alguno con algún aliado del mismo, para no saber de él y enterarse por él mismo de qué había sido de su viejo aliado. - Es un gusto volverlo a ver. - Le devolvio la sonrisa, desinteresado totalmente en la extraña actitud que presentaba el rubio. Prefería no nombrar nada desde 1923 en adelante. Aunque… La culpa en verdad no había sido de él… -

- ¡Ah! Lo mismo digo, Japan –Menciono el mayor con los ojos puestos en los del contrario, acto seguido, lanzo una risita estridente bastante peculiar y que sonaba un poco psicótica. Exacto, no era el mismo de siempre, lo había dejado de ser desde 1923, aunque cualquiera que lo viera pensaría que fue la guerra que lo dejo trastornado – Oh, Japón…  ¿O debería llamarte Kiku solamente? ¿Nihon, tal vez? Como sea, todo suena bien, Hahaha –Y continuo jugando con los pequeños pastelitos que tenía en mano, esta vez extendiéndole uno al pelinegro - ¿No gustas de uno? Los cupcakes estan deliciosos, los hice yo mismo. Cupcakes, cupcakes, de todos los sabores, lalala… Deberia hacerles una canción. 

- Con Japón o Nihon estaría bien… - No, después de todo lo que pasaron después de separarse y algunas semanas antes de hacerlo, no dejaría que volviera a utilizar su nombre, a menos que su relación volviera a mejorar… Mejorar bastante. Arqueó una ceja al ver como le ofrecia un pastelillo tan… Animosa y peculiarmente… - No gracias… - Respondió para hacer una pausa. - Acabo de tomar té con Alemania san e Italia kun… No tengo hambre, pero gracias de nuevo - Rechazó tratando de no molestarlo, nunca le gustó hacerlo, además, quizás que pasaría si lo hacía.

- Oh, pero vamos… Solo prueba un poco –Seguía insistiendo el anglosajón con una hiperactividad equitativa a la de cierto estadounidense. Sus manos continuaban extendidas hacia el oriental, temblando por la impaciencia o quizás por el solo hecho de que se encontraba algo nervioso, como si ocultara algo -. Te van a gustar, Japón –Al decir el nombre del susodicho lo hizo en un susurro que de seguro le causo un pequeño escalofrío al menor. Su sonrisa aun no desaparecía de su rostro -. Extraño verte comer, quiero verte comiendo… Come mis cupcakes, adelante, cómelos. Aquello más que una petición, parecía una orden y la forma tan extravagante en la que miraba al japonés daba mucho que pensar ¿qué estaría pasando por su cabeza en esos momentos?